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La encrucijada del ISIS: Cambiar para permanecer

Por Francesco Álvarez Ferrando, Periodista, Magister en Ciencias Políticas, Seguridad y Defensa

Ante la reciente expulsión del ISIS de Mosul y la incertidumbre ante el eventual fallecimiento de su líder Abu Bakr al-Baghdadi, el futuro de la agrupación terrorista se aprecia más incierto y poco auspicioso que nunca.

Tomando en consideración que la tercera ciudad más grande de Irak, Mosul, ha sido liberada por el ejército iraquí en el mes de julio del presente año (con ayuda logística de diversos países), el Isis se ve en un dilema existencial, puesto que el tamaño de su territorio ya no podría tener la categoría de califato y peor aún, según el Canciller ruso Serguéi Lavrov, en mayo un bombardeo de la fuerza aérea de su país habría acabado con la vida del enigmático líder religioso y militar, Abu Bakr al- Baghdadi quien habría fallecido junto con 300 comandantes de la agrupación.

En julio el Pentágono aclaró que no cuentan con evidencia sustantiva de que este hecho haya ocurrido y pronto Lavrov siguió el mismo camino, pese a que en el mismo mes el Observatorio Sirio de Derechos Humanos confirmó su muerte y que ISIS ha mantenido un hermetismo total para confirmar o desmentir la noticia.

Por lo cual, el dilema número uno es dilucidar si el ISIS ante tal coyuntura se mantendría como un estandarte militar antes que teológico, ya que al-Baghdadi es o era doctor en teología de la prestigiosa universidad de Bagdad, mismo grado académico que tenía el Ayatollah Jomeini en la primera gran revolución islámica moderna, acaecida en Irán, vigente hasta hoy, donde el Corán se incorporó en la constitución política del país desde ese momento.

Los dos líderes que asoman como relevos de al-Baghdadi están muy próximos a los 45 años del (otrora o actual) cabecilla, con la diferencia de venir desde el frente militar y no teológico, lo cual podría derivar fácilmente en un declive, como el caso de Al-Qaeda en 2011 tras la muerte de Osama Bin Laden, por más que su lugarteniente Aymán al-Zawahirí es el hombre más buscado del mundo, no han hecho más noticia por las violentas acciones perpetradas por ellos o a nombre de ellos por extremistas que buscaban “fama” al atribuirse pertenecer a una organización que no los conoce, mismo caso que ocurre con ISIS.

Otro aspecto a considerar es que al-Baghdadi es considerado descendiente directo del profeta Mahoma, lo cual dificulta su sucesión, ya que ningún miembro de la cúpula de ISIS cuenta con dicho estatus teológico de liderazgo, justamente el punto crucial de la escisión entre chiitas y sunitas, siendo estos últimos más del 90% de la población musulmana del mundo, incluyendo a la agrupación terrorista, lo cual ha derivado en sangrientos ataques a mezquitas que no pertenezcan a esta última corriente.

Es tal el interés de ciertos líderes para cautivar adherentes y emprender una jihad o guerra santa, que Saddam Hussein alteró documentos históricos para probar que era descendiente de Mahoma y así congregar combatientes para neutralizar la operación Tormenta del Desierto en 1991. Más exitoso fue el llamado de líderes religiosos efectuado en Afganistán, lugar donde se conocen Bin Laden y al-Zawahiri luchando contra el invasor soviético hace casi cuatro décadas atrás.

Desde 1924, tras la caída del Imperio Otomano, que el mundo no conocía de un califato, es decir una continuación del sistema religioso imperante tras el fallecimiento del máximo profeta del Islam: Mahoma. Para establecerlo, el ISIS (por sus siglas en inglés) o Estado Islámico de Irak y el Levante, necesitaba de la creación de un territorio autónomo.

Así, antiguos militares del ejército iraquí junto a una gran multitud de jóvenes con o sin estudios (incluso un ciudadano chileno skater en Noruega alcanzó un alto rango militar en el califato antes de fallecer), azuzados por la invasión de Estados Unidos a Irak en 2003 más la cruenta guerra civil en Siria a partir de 2011, fueron el caldo de cultivo para la toma de territorio, además del establecimiento de su capital como Estado la ciudad de Al Raqa en Siria, anexándose además un segmento de Irak, eliminando la frontera existente entre ambos países.

Asimismo, al establecer de manera excesiva e incluso arbitraria la sharia o ley islámica, el ISIS acercó a hordas de ciudadanos europeos y de otras latitudes, insatisfechos con el estilo occidental “decadente” que Jomeini denunciara décadas atrás. Como estado, se procuró contar con policía propia, tribunales que aplicaban la ley del talión; lo cual derivó en niños amputados de manos por negarse a asesinar rehenes, mujeres en idéntica situación por robar para alimentar a sus hijos o utilizar teléfonos celulares y en el mejor de los casos cárcel y azotes para quienes osaran no usar el velo, fumar un cigarrillo o beber un sorbo de alcohol (válido también para hombres).

Un acápite concluyente, sería la eliminación del espacio físico donde un califato o Estado Islámico puede funcionar, ejerciendo soberanía, adoctrinamiento, planificación y entrenamiento, recordando que el cerebro tras la masacre de París del 13 de noviembre del 2015 salió de Siria rumbo a Europa.

El paso siguiente serían hordas de mal llamados jihadistas (recordemos que en el Corán, musulmán que mata a musulmán inocente se va a al infierno sin intercesión, hecho que ya ha ocurrido en más de una ocasión durante los múltiples atentados perpetrados) que sin una doctrina ni territorio deberían seguir la misma suerte del califato proyectado por ISIS en África, Boko Haram, que tras una rápida expansión, fue derrotado por una coalición de países de dicho continente, reduciendo su margen de acción a una cada vez más mínima expresión. A la espera de los resultados de la intervención militar en Al Raqa, capital del Califato de ISIS.